Todo comenzó el verano pasado en la terraza de mi vivienda. El  sol estaba alto, la suave brisa apaciguaba el bochorno que junto la sombra de los sucios pinos conseguía arrancarte el suspiro típico de un eminente confort. Me peleaba con los planos, sentado en la mesa rudimentaria, dibujando arriba, tachando abajo, coloreando a través de ambos. La euforia que sentía iba en aumento ya que aquellos papeles contenían el proyecto imaginario de un fin de carrera que jamás se haría realidad. En uno de los despistes en que mis ojos se alejaron del mundo imaginario del papel me percaté del revoloteo de gorriones entre los pinos. Son fascinantes! Se comen el exceso de animalitos que a muchos de nosotros nos acaban molestando, como gusanitos y pequeños insectos de mil y una formas. Además son los autores del concierto diario que inyecta harmonía con sus matices auditivos que moldean el grato cariz que estos seres habita. Como partícipe de tal maravilloso espectáculo  me planteé la idea de propiciar la presencia de estos pequeños seres portadores de confort sensorial. La cuestión era que si los pájaros vivían en los arboles…¿Qué podía ofrecerle como arquitecto para mantener su presencia? Un refugio! Pero no para ellos, sino para sus crías. Porque ellas sobreviven gracias a los nidos construidos por sus congéneres. Atendí entonces que ese iba  a ser mi primer encargo, la primera idea para construir. Me puse a trabajar y a modo terapéutico me olvidé de las preocupaciones que el dichoso proyecto final favorecía. Era de gran responsabilidad pensar cómo sería ese sitio donde los gorriones depositarían su confianza para proteger su bien más preciado. De cómo lo usarían mientras los polluelos aún siguen en el huevo hasta completar los rituales  de nutrición en forma de guardias fuera del refugio… El no pidió nada, tan solo trabajé para ofrecerle una alternativa. Para mi sorpresa me pagó doblemente. Usó la idea labrada fruto de la observación de su conducta y a día de hoy me sigue pagando con su presencia.

Gracias al poder de la alternativa a lo convencional nació la sinergia entre vida y arquitectura en forma de refugio. Una situación que merece la pena tener en cuenta en  los tiempos que corren. No estaría de más que ayudaran a los que seguimos trabajando en alternativas porqué el pájaro ya tenía casa y despensa, pero nosotros aún no.

 

Publicado en: DIARI de Tarragona (01/06/2013)

 

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One thought on “Una bonita historia

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