las rotondas
Tarragona dispone de fabulosas zonas ajardinadas. Todas ellas densamente pobladas con fabulosos árboles de mil y una copa, singulares arbustos de altura humana y alfombras de plantas que nos premian con una adorable orgía de colores, olores y texturas que sumadas al ornamento expuesto nos brinda unos espacios fabulosos dignos de ser disfrutados en el transcurso de nuestra jornada. En esta marcha de seducción se suman los humos, el ruido de los coches y el peligro para acceder a este oasis ideal que reside increíblemente dentro de las rotondas de nuestra ciudad.

Sí, es insólito pero real. Viajando en autobús o en coche podemos disfrutarlos visualmente e incluso maravillarnos. Eso sí, una vez dejemos nuestro medio de locomoción veremos que estos oasis en el fondo no son tan ideales como pensábamos… A pie de peatón se han convertido en vulgares macetas plantadas en asfalto que tan solo sirven para que los automóviles deambulen alrededor de ellas. Algunas, también, se han convertido en pancartas en forma de entes inexplicables con repercusiones económicas que prefiero no saber por salud mental. Qué nos dirían los árboles y plantas si les preguntáramos qué les parece su nueva casa… A fin de cuentas, resulta que todos los esfuerzos de incorporar el medio vegetal al ciudadano se han centrado literalmente en las rotondas. Hecho que nos condena a disfrutar de ello a metros de distancia, privándonos de poder luchar contra el sol mediante la sombra de un árbol mientras yacemos sentados disfrutando de los pájaros y los frescos olores de la hierba. Qué placer sería poder disfrutar un espacio de cien rotondas tarraconenses fundiéndose en el espacio urbano continuo promoviendo una mezcla de sensaciones propias de la naturaleza en nuestras calles.

Con todo esto, considero que hay formas más acertadas para abordar qué papel forman en nuestras ciudades las rotondas. Entiendo que el valor estético debería estar en un segundo plano y empezar a pensar dichos espacios urbanos fortificados como algo más que macetas devoradoras de recursos. No tengo la solución, pero podríamos empezar por trasplantar aquella riqueza vegetal y acercarla a nuestros espacios de uso cotidiano y hacer que la protagonista sea la calidad de vida y no un antojo visual de una desdichada maceta emperifollada.

 

Publicado en: DIARI de Tarragona (09/02/2013)

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